La Formación Continua de Maestros

Los nuevos requisitos en materia de competencias laborales, derivadas de las condiciones económicas de las nuevas formas de organización del trabajo, presionan de forma colectiva o individual a los sistemas de formación y de educación. La demanda se centra en aprender a lo largo de la vida activa, en virtud de los cambios constantes que se producen en todos los niveles y la obsolescencia exagerada de los saberes.

Mientras que algunos reducen la formación continua a cursos y seminarios que responden a escenarios laborales, otros tienden a referirse a ella en un sentido más amplio. Así, por ejemplo, el aprendizaje durante toda la vida se puede definir como

el desarrollo del potencial humano a través de un proceso de apoyo continuo, que estimula y pone en manos de los individuos, la capacidad para adquirir los conocimientos, valores, habilidades y actitudes que requerirán a lo largo de sus vidas y que aplicarán con seguridad, creatividad y placer en todos los papeles, circunstancias y contextos”.

Los maestros deben ampliar sus oportunidades de acceso a la formación continua, mediante programas que permitan seleccionar itinerarios curriculares en función de las actividades que desarrollan y  flexibles, que permitan la elaboración de respuestas oportunas y relevantes para todos los interesados en función de los requerimientos de una sociedad en constante evolución.

Las Tecnologías de información y Comunicación por su parte, están creando nuevos sistemas de formación que pueden llegar a ser sistemas permanentes, porque prácticamente, cualquier persona puede aprender cualquier cosa, desde cualquier lugar, en cualquier momento; introducen flexibilidad e interactividad, porque los participantes de un programa pueden mantener contacto de forma continua con tutores y otros participantes situados en otra geografía, para la construcción participativa y colectiva del conocimiento.

Los programas deben facilitar la adquisición de competencias específicas de su oficio, para aprender a enseñar a aprender y competencias ético sociales. Las primeras incluyen competencias cognitivas para conocer, manejar información y continuar aprendiendo acerca de lo propio de la disciplina y competencias pedagógico-didácticas, para saber cómo enseñar la disciplina y cómo trabajar en contextos diversos. Las segundas se refieren al cumplimiento responsable de la misión asignada a los docentes, garantizan el desarrollo integral de los alumnos a través de aprendizajes relevantes y pertinentes e Implican el desarrollo de competencias éticas, que los habilitan para cumplir con el compromiso social de su profesión y competencias sociales, que los habilitan para satisfacer las necesidades básicas del aprendizaje, adaptarse y responder al cambio permanente de conocimientos, trabajar en redes y promover diálogos.

Tomado de:

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